Reflexión de Fiestas Patrias 2026: “Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor”

En el marco de las celebraciones de Fiestas Patrias, el padre Alex Gallardo Quelín, Vicario Pastoral Diocesano, comparte una reflexión sobre nuestra identidad como nación, nuestra historia y el compromiso de construir una patria más justa y fraterna. Este año, además, recordamos el Bicentenario de la incorporación de Chiloé a Chile y el Centenario de la Coronación de la Virgen del Carmen como Reina y Madre de Chile.


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“DICHOSA LA NACIÓN CUYO DIOS ES EL SEÑOR, EL PUEBLO QUE ÉL ESCOGIÓ COMO SU PROPIEDAD”

(Salmo 33)

Estamos celebrando nuevamente los acontecimientos que congregan a todos los chilenos en una sola nación y en una sola sociedad. Las fiestas patrias son días especiales en que recordamos nuevamente nuestra identidad, soberanía e independencia y además, lo que significa para todos nosotros la historia de nuestro país. También es una oportunidad para agradecer a Dios lo que somos y tenemos, como comunidad de una misma nación, bajo un mismo “cielo azulado” (como dice nuestro himno nacional) y que nos impulsa a celebrar esta festividad, reconociéndonos hermanos, hijos de un mismo Padre – Creador que nos ha regalado esta casa común, “que nos dio por baluarte el Señor”.

En este sentido entonces, como no alabar a nuestro Dios y darle gracias; como no también resaltar con autoridad como dice el Salmo 33, que: “Dichosa es la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que él se escogió como su propiedad”. Somos su pueblo, sus ovejas de su rebaño y somos dichosos por esto mismo. Por esto festejamos, porque Dios se ha hecho carne y se sigue encarnando en nuestra historia, para todos los que nos consideramos sus hijos. Reconocer la acción de Dios en nuestra historia, significa no olvidar nuestra memoria y el camino que hemos ido forjando como nación; nuestros sufrimientos, dificultades, anhelos y esperanzas, es lo que queremos poner como intención en estos días festivos, como un pueblo que se acoge en las manos de Dios con la confianza y el deseo que Él guiará nuestros pasos.

Conmemoramos y celebramos también la historia de nuestra nación en las glorias de sus ejércitos. En el esfuerzo, la vida y la sangre que nuestros hermanos entregaron por defender su patria y su nación; y también reconocer el sacrificio que muchos hombres y mujeres de nuestra patria, a través de las fuerzas armadas, realizan en su vocación defendiendo la soberanía de nuestra patria (incluso en lugares muy recónditos y extremos) y realizando un servicio de donación y apoyo, sobre todo cuando nos golpean las fuerzas de la naturaleza. Elevemos a Dios una acción de gracias por aquello y también encomendamos a muchos que ya han partido de este mundo a causa de cumplir con el deber de responder a la misión que se les había encomendado.

Jesús en su Evangelio, nos recuerda que somos parte de su Reino, y como tal somos constructores del Reino de Dios. En este sentido somos una nación que es propiedad de Dios, porque también se responsabiliza y colabora con forjar una comunidad más justa y generosa para todos, especialmente con los más necesitados. Forjar una patria, es sacrificarse por ella, con valores y valentía; ser corresponsables, con lo que a cada uno le toca hacer por el bien común. Al celebrar y conmemorar la independencia de Chile y el sacrificio que se hizo por llegar a este cometido, no podemos olvidar este año la conmemoración de nuestro Bicentenario (al incorporarse a Chile, el archipiélago de Chiloé, con el tratado de Tantauco del 19 de enero de 1826) lo cual dio término al dominio español en Chile y fue el cierre de un prolongado proceso de independencia. Chiloé también es Chile y con mayor razón lo recordamos en estas festividades; esta es la esperanza por lo cual nuestro deseo es que Chiloé siga progresando en desarrollo económico, valórico, humano e integral y que como decía Mons. Juan Luis Ysern (obispo emérito de Ancud) “Chiloé crezca y se desarrolle sin dejar de ser Chiloé”.

Este año como Iglesia chilena, celebramos el Centenario de la Coronación de la Virgen del Carmen, Reina y Madre de Chile (1926-2026), ella ha estado presente en la historia de los padres de la Patria y su imagen históricamente siempre ha estado unida por las fuerzas armadas al destino de nuestro país. María nos enseña a llegar a Jesús; una mujer sencilla y humilde que a pesar de las dificultades fue fiel al Señor su Dios. Si queremos responder al proyecto que Dios tiene para nosotros, como comunidad y nación, el ejemplo y fidelidad de María, nos debe impulsar a sentirnos verdaderos “hijos” en el Hijo. Que la intercesión de la Virgen del Carmen, Reina y Madre de Chile, ilumine y bendiga a nuestra patria y que todos sigamos trabajando por la paz, por un país más justo y por la fraternidad.

P. Alex Gallardo Quelín
Vicario Pastoral Diocesano


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